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De asuntos viperinos

Actualizado: jul 22


Anaconda (Eunectes murinus) Foto de Santiago Monroy (@monroygph)


~Por Carolina Huérfano Torres

carolina.huerfano.t@gmail.com



En cualquier círculo social uno siempre encuentra gente que le tiene fobia a algún animal. Las pobres arañas siempre tienen el primer puesto, le siguen las cucarachas, y en general cualquier “bicho” de seis y ocho patas, y así hasta llegar a los ratones. Toda una parafernalia de fobias, mejor dicho. Pero no dejo de pensar que existe un animal que muchas, muchas personas le tienen miedo. Algunos y algunas aceptan tener una fobia de este animal, otros solo sienten el miedo cuando las ven en vivo y en directo, pero ese escalofrío es igual en ambos casos. Muchos dicen que es un miedo irracional, pero la verdad es que es un miedo que tiene explicación. El mismo Carl Sagan afirmó que este miedo hacia este organismo es un efecto derivado de las condiciones en las que hemos evolucionado los mamíferos [1]. Su rareza, elegancia y agilidad significan un temblor de pies a cabeza.


Para este punto, muy probablemente tu imaginación ya logró descifrar de quién hablo. —Si mi doña, son las serpientes—.



Vengo acá para contarles una historia diferente. Como también pasa con los tiburones, los medios de comunicación y Hollywood se han encargado de aterrorizarnos con videos y programas sobre ataques de serpientes, las serpientes más venenosas del mundo y demás. ANACONDA ¡Con razón la gente les tiene miedo! Por eso dedico estas líneas, de la manera más viperina posible, para hablar de por qué las serpientes (u ofidios como se les conoce en biología) más que ser un animal peligroso, son un organismo vital para el sostenimiento de nuestro planeta. Y no sé, hasta puedo convencerlos de que pueden llegar a ser bastante adorables.



Alrededor del mundo existen 14 familias de serpientes, de las cuales solo 4 están dentro del espectro al que llamamos venenosas [2]. Cada familia tiene modificaciones espectaculares que van desde el tamaño, pasando por su dieta, hasta dónde frecuentan vivir. Sin embargo, eso no las hace inmunes a las amenazas que atentan contra su diversidad y abundancia. La pérdida de hábitat, el tráfico ilegal y en parte la aversión que le tienen los humanos a estas criaturas las han eliminado de forma indiscriminada, no solo en nuestro país sino en todo el mundo [1]. Pero tal vez lo más peligroso que amenaza su existencia es la desinformación que existe acerca de estos organismos. Tanto en los medios públicos como incluso dentro de la comunidad científica, los ofidios han tenido poca investigación, lo que obviamente genera mayor miedo.




Pero esperen que yo no los quiero poner tristes. Más bien, les quiero dar unos “datícos” importantes que espero sean de su interés. Primero que todo dejemos claro que EL SER HUMANO NO ES UNA PRESA PARA LAS SERPIENTES. Pero cuando nos adentramos en su territorio, acá nosotros somos la amenaza. Los ofidios han evolucionado para advertir por medio de sonidos, siiiiiseeeeeos y posturas su disgusto o su estado de alerta cuando algo está irrumpiendo su territorio.


Por ejemplo, algunas se enroscan, o hacen sonidos de cascabel, o forman con su cuerpo una figura de S. Lastimosamente, los humanos tendemos a obviar estas advertencias o a veces no cuidamos donde pisamos y, pues, la historia termina como ya todos la conocemos. ¡Ahí sí mejor prevenir que lamentar!



Siguiente dato. Sí, todas las serpientes son carnívoras, pero recordemos que siempre habrá más presas que depredadores. Los encuentros con serpientes son muuuy poco frecuentes y ey...tranquis que NADIE SE LOS VA A COMER. Nosotros estamos muy lejos de su dieta. Se sabe que las serpientes más pequeñas como las Epictia (que son del tamaño de un gusano), comen pequeños insectos y hasta a veces solo toman minerales del suelo. Sin embargo, es muy raro verlas porque son fosoriales (viven debajo de la tierra). Otras serpientes pequeñas, pero más comunes de observar como las Atractus, un género al que pertenecen serpientes como la serpiente sabanera (Atractus crassicaudatus) comen babosas, gusanos, insectos o caracoles. Otras especies más grandes se pueden alimentar de mamíferos pequeños y huevos de aves u otros reptiles. Y, bueno, si vamos al extremo tenemos a las pitones o boas, que pueden comer capibaras y hasta micos.




Atractus crassicaudatus (por Andrew J. Crawford)


Como ya dijimos hay 14 familias de ofidios en el mundo, es decir, hay mucho de qué hablar. Sin embargo, si les echo todo ese chorrero, o se duermen o, como diría Silvio Rodríguez, “sueñan con serpientes”. Por eso, me voy a centrar en las serpientes colombianas a las que les gusta la cumbia y la bandeja paisa. Aquí les va el siguiente dato.


En Colombia, según el Programa Nacional para la Conservación de Serpientes, existen 270 especies registradas, de las cuales solo el 18% de ellas son venenosas y muy pocas realmente presentan un peligro para los humanos. En Colombia podemos encontrar 10 de las 14 familias, de las cuales las Anomalepididae, Leptotyphlopidae y Typhlopidae son reconocidas por parecer gusanos, son fosoriales (es decir viven bajo tierra), son pequeñas y básicamente inofensivas [1] [3]. Por otro lado están las demás familias que son más reconocidas no solo por su belleza, también por su diversidad y abundancia. Pero recuerden que de las 270 especies de Colombia, solo 5 son de un alto riesgo.



[4] Filogenia evolutiva de las serpientes. En este árbol filogenético podemos ver cómo evolucionaron las serpientes por medio de un ancestro común que vino de las lagartijas. También nos muestra el nivel de toxicidad del veneno de los diferentes grupos de serpientes, siendo el gris “menos o no venenosas” y el rojo “muy venenosas”.


Antes de contarles sobre estas especies, es importante hacer una aclaración. Que sean de un alto riesgo, NO QUIERE DECIR QUE HAY QUE HACERLES DAÑO O TENERLES UN MIEDO PENETRANTE. Todo lo contrario, son especies que son importantes dentro de las redes alimenticias de sus ecosistemas y mantienen un balance crucial entre presas y depredadores. Incluso, para hacer esto menos terrorífico voy a cambiar un poco el vocabulario, para dejar de estigmatizar a nuestras parceras; las 5 serpientes más asombrosas de Colombia: la Talla X (o Cuatro Narices), la Lora, la Cascabel, la Verrugosa y la Coral.


Las primeras cuatro mencionadas, junto con la Patoco y la Mapaná son víboras que pertenecen a la familia Viperidae, cuya característica más visible es su mandíbula Solenoglifa, es decir una mandíbula con colmillos muy largos, como agujas, que introducen el veneno de forma fácil y rápida [3]. Básicamente, los integrantes de esta familia pueden considerarse como perfectos depredadores. ¡Que viejas tan duras!


¿Y entonces ahí la Coral qué? Bueno, las corales pertenecen a la familia Elapidae, las cuales poseen mandíbulas Proteroglifas, es decir colmillos frontales mucho más pequeños que los de las víboras [3]. ¡Pero ahí está el truco! Pillense esta: Pese a que todos los tipos de mandíbula de los ofidios son retráctiles (es decir que a simple vista no se ven los dientes pero en un ataque los sacan, como las uñas de los gatos), la forma en que la coral inyectan el veneno, no es la mejor... pero su veneno es muy eficaz, tanto que puede matar a un mamífero pequeño como un ratón en cuestión de segundos y a presas más grandes como un venado en minutos. No me vengan a decir que eso no es increíble.


Y bueno… ¿los convencí? La verdad es que es difícil tratar de hablar de serpientes por todo lo que ya dije. Nos metieron muchas cosas en la cabeza y por eso normalmente pueden dar miedo, además la poca información y estigmatización que hay es muy difícil de vencer. Parte de la razón por la que les muestro estas 5 serpientes es para que tengan un poco más de conocimiento sobre las increíbles especies que hay en nuestro país y en el mundo en general. Estos animales, sin la posibilidad de moverse largas distancias, de ser ectotermos (dependen de calor que proviene del sol) y de no tener extremidades, han evolucionado para tener la fisiología y fisionomía más increíble de todas, que los ha puesto a la par con los grandes depredadores como los felinos. Eso es de respetar.


Incluso son animales admirados por diferentes culturas. Por ejemplo, los aztecas adoraban a la deidad Quetzalcóatl, una “serpiente-ave”, dios del viento, la lluvia, el aprendizaje, la ciencia y la cultura, que juega un rol dentro de la creación el mundo. Por otro lado, dentro de las religiones como el budismo, Naga era una raza divina mitad hombre mitad serpiente, que son reconocidos por ser los protectores de Siddhārtha Gautama, además de representar una figura de poder y autoridad [5]. Esto, es algo que todos deberíamos tener en cuenta. Un asunto que todos deberíamos tener en cuenta.


Las serpientes son increíbles, cumplen un rol para los ecosistemas que es vital y ante todo merecen nuestro respeto. Por esto, si en un caso hipotético se llegan a encontrar a una (lo cual ya les dije, es muy poco probable), no le hagan daño o no las molesten. Son organismos que tienen la historia evolutiva y cultural más larga que la humanidad.

Como en las palabras del antropólogo Urbina-Rangel, “Dentro de la etnia Uitoto, existe un relato mítico que describe el origen de todas sus familias a partir de una gran serpiente ancestral (la anaconda). El mito de DÏÏJOMA “El hombre serpiente-águila”, relata cómo los Uitotos son hijos de la gran anaconda, de la serpiente ancestral, que fue dividida en pedazos y repartida entre la gente dando nombre a todas las tribus que aún no lo tenían y a todas aquellas que habitan hoy el mundo”[1].



Pie de nota: quiero agradecer inmensamente al Programa Nacional para la Conservación de las Serpientes Presentes en Colombia, no solo por su trabajo sino por brindar herramientas divulgativas para informar a la comunidad sobre estos increíbles organismos.



[1] Lynch, J. D., Sierra, T. A., & Gómez, F. J. R. (2014). Programa nacional para la conservación de las serpientes presentes en Colombia. Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.


[2] T. Dodd-Butera, M. Broderick, in Encyclopedia of Toxicology (Third Edition), 2014


[3] Pough, F. H., Heiser, J. B., & McFarland, W. N. (1999). Vertebrate life (No. QL 605. P68 1999). Upper Saddle River, NJ: Prentice Hall.


[4] Reyes-Velasco, J., Card, D. C., Andrew, A. L., Shaney, K. J., Adams, R. H., Schield, D. R., ... & Castoe, T. A. (2015). Expression of venom gene homologs in diverse python tissues suggests a new model for the evolution of snake venom. Molecular biology and evolution, 32(1), 173-183.




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